Requilorio

Tomado de: http://www.stcolombia.com/portal/preguntele-a-street-tuning/41552-ventas-curiosas-de-automoviles-en-colombia-21.html
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O de las complejidades de “engallar”

Esta es una palabra poco común, pero da cuenta de un acto frecuente. En este lado del mundo usamos la palabra “engallar” para referirnos al acto de “poner gallos”, o lo que es lo mismo: “llenar algo con adornos innecesarios”. Veamos cómo se da y por qué termina complicándonos tanto la vida. También aprenderemos la técnica de las 3C para evitar los requilorios.

Requilorio

La RAE nos dice que “requilorio” es:

  1. Adorno o complemento excesivo o innecesario.
  2. Formalidad e innecesario rodeo en que suele perderse el tiempo antes de hacer o decir lo que es obvio, fácil y sencillo.

Los requilorios son comunes: desde rimbombantes disertaciones académicas, hasta la transformación de automóviles, pasando por trámites burocráticos o decoración de interiores. Pareciera que nada está bien siendo lo que es o estando como está. Es distinto a buscar mejorarlo, porque comúnmente lo que se hace es agregar adornos y accesorios que no tienen ningún impacto funcional, deteriorando la estética, el propósito y el valor mismo de las cosas.

Fanatismo: Cómo y cuándo caemos en requilorios

“El fanatismo consiste en doblar el esfuerzo una vez que se ha olvidado el propósito”. Caemos en el fanatismo cuando nos encontramos haciendo más de lo necesario e importante, cuando nos enfrascamos en el hacer y perdemos de vista el sentido y la finalidad. ¿Cuántas veces te has visto quejándote de que tienes mucho que hacer? ¿Y por qué haces tanto? ¿Era necesario hacer todo eso? Inclusive, ¿Qué hubiese pasado si nada de eso lo hubieras hecho?

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Hacer más es “poner más arandelas” o más “adornos” y, a no ser que se trate de un carnaval, una comparsa o una fiesta de disfraces, los accesorios y los adornos lo único que hacen es encarecer y aumentar el esfuerzo.

Vivimos en la era de los “superlativos” donde lo bueno es tener o hacer más, hoy día nada parece suficiente porque nunca estamos contentos ni satisfechos con nada. Siempre queremos más, no sabemos para qué, pero siempre más. Somos insostenibles. Todavía no he visto a la primera gallina lamentándose porque no puso un 22% más de huevos… ella puso los huevitos que le estaba dado poner, y el árbol de mangos dio los manguitos que le estaba dado producir. La naturaleza es intrínsecamente abundante. Crea belleza y armonía con un propósito, pero no se adorna ni se excede. Nosotros como especie no entendemos eso y actuamos contra esas leyes del equilibrio.

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Vueltas innecesarias

El castellano es un idioma que facilita los requilorios al comunicarse. Si a esto le sumamos una cultura con dificultades para hablar directo y una marcada tendencia a adornar las palabras, nos encontramos con gente que habla mucho y comunica poco. Esta es la cultura de los eufemismos, de los nombres “bonitos” para las cosas “feas”: decimos “contribución” en vez de “impuestos”, “donación” en vez de “costo de la entrada”, “inversión” en vez de “costo del evento”, y un largo etcétera de ejemplos no tan sutiles.

Está en paralelo el otro problema de que si eres muy directo entonces chocas, precisamente porque eres directo. La cultura misma está lista para el rodeo y la vuelta innecesaria, pero por eso también caemos en tanto “mal entendido” y en tanta “ambigüedad”, porque al final damos tantas idas y venidas que ni siquiera recordamos qué era lo que queríamos hacer o decir.

Las 3C: Ejercicios sencillos para prevenir los requilorios

La clave está en seguir la regla de las tres C (3C): Conciso, Claro y Completo. Veamos cómo las puedes aprender y aplicar en tu vida diaria haciéndote estas preguntas:

  • Conciso: ¿Esto cómo lo haría alguien más “perezoso” que yo? / ¿Cómo podría hacerlo igual de bien con la mitad, dos tercios… o un quinto del trabajo que pienso hacer? / ¿Qué partes puedo quitarle a lo que estoy haciendo [o diciendo] sin atentar contra el propósito? / ¿Cuál podría ser la forma de hacerlo o decirlo si dispusiera de la mitad del tiempo y los recursos que tengo? / ¿Qué puedo combinar aquí? / ¿Dónde puedo eliminar multiplicidades, redundancias o repeticiones?
  • Claro: ¿Cómo hacerlo de forma tal que no tenga que explicárselo a nadie? / ¿Cómo hacerlo de forma tal que “se explique solo”? / ¿Cómo podría hacerlo o entenderlo alguien más que no me conozca? / ¿Cuáles tergiversaciones podría dar pie lo que estoy haciendo? / ¿Cómo puedo eliminar o atenuar el riesgo de alguna de esas tergiversaciones?
  • Completo: La condición de completitud se basa en la capacidad que tengamos para organizar y ver el bosque completo. Vuelve a las preguntas que te hiciste en el punto sobre ser “conciso” y verifica de nuevo que no se te quede nada por fuera. Si se te queda algo por fuera vuelve a preguntarte: ¿Para qué estoy haciendo / diciendo esto? Es posible que omitas algo sin siquiera darte cuenta ¿Por qué crees que se te olvidó? ¿Es eso en realidad tan importante como para que fuera olvidado? Si en verdad es importante ¿Qué dice ese olvido sobre ti? ¿Qué parte no has entendido o a qué no le has visto el propósito? ¿Has dejado de lado algún paso clave en la organización?

Finalmente, para que evites requilorios al hablar (y al hacer cosas), ten a la mano los filtros de Sócrates:

  1. Verdad: ¿Estás 100% seguro de que lo que vas a decir es cierto (genuino)?
  2. Bondad: ¿Es algo bueno lo que vas a decir (hacer)?
  3. Utilidad: ¿Es útil lo que vas a decir (hacer)?

Si lo que vas a decir o hacer no es verdadero (genuino), ni bueno, ni útil ¿Entonces para qué hacerlo?

Que te sirva en adelante todo esto y que lo pongas en práctica…

 

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2 comentarios en “Requilorio

    • El problema está en que algo sin “requilorios” es más transparentey la política, precisamente, se sostiene de las turbulencias que crea. De seguro el mundo no funcionaría tal y como lo conocemos ahora. Gracias por tu comentario.

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