Nadie llega a la tierra prometida sin pasar por el desierto

tierra prometida

Hace tiempo faltaba mucho para ese “algún día”. Hoy ese “algún día” es una realidad.

Tomar una decisión de vida requiere de dosis altas de determinación. Por eso no es tan simple como cambiarse de ropa o comprarse algo de comer. Hace unos días escribía sobre la fuerza interior que me movía: es mejor ser feliz que estar cómodo. Si tienes miedo de dar ese paso para conseguir lo que quieres en tu vida, hoy puedo contarte lo que se experimenta al actuar. Puedo hablarte de lo que concretamente me está pasando, que no es una idea ni una teoría, que no es retórica de “librillo” de autoayuda, sino un resumen de algo real y tangible.

Atravesar el desierto: Pasar de la teoría a la práctica

La acción es la distancia entre los sueños y la realidad. Las transformaciones no se logran solo por desearlas, “visualizarlas” y simplemente sentarse a esperar a ver cómo ocurren. Hay que hacer algo para manifestarlas.

El cambio que acabo de hacer tuvo que ver con mudarme de ciudad y con todo lo que eso implica: renunciar a mi trabajo, buscar una nueva residencia en Medellín, organizar la mudanza, soltar toda la vida que luego de ocho años y medio había construido en Bogotá y decidirnos (mi esposa y yo) a lanzarnos a la más completa incertidumbre sobre lo que será nuestro futuro y nuestra vida a partir de ahora.

Esto contado así puede sonar sencillo, incluso para alguien que nunca lo hubiese vivido o que no entienda lo difícil y riesgoso que es vivir en un país como Colombia, puede parecerle exagerado comentar esto como una “gran experiencia”, pero para nosotros mismos y para toda la gente que nos rodea sí que lo es.

Lo que acabamos de hacer es, en estricto sentido, un éxodo. Es como dejar la tierra en la que vivíamos, a la que estábamos acostumbrados, la que creíamos que nos “daba todo”, donde teníamos nuestros “ídolos” que nos daban seguridad, por irnos a una “tierra prometida”, que aunque está lejos de ser perfecta, por lo menos es nuestra, nos acoge y nos da los que “de verdad” queremos.

El desierto que acabamos de cruzar no es uno de arena y Sol. Este desierto más bien tuvo que ver con el miedo a no saber qué hacer de aquí en adelante, con tener que correr una carrera contra el tiempo para asegurar el tránsito adecuado hacia la nueva vida, con saber escuchar nuestro corazón y no las voces del miedo.

Este desierto tuvo un precio alto: inseguridad, estrés, cansancio, inquietud, malestar, altas dosis de incomodidad, inestabilidad y sobre-carga. Esto es algo que sólo lo entiende quien se atreve a vivirlo. Esto “contado” no se entiende tan fácil, sólo lo comprende quien lo vive.

Lo que se siente

El paso es definitivo e irreversible, la sensación que se siente es una mezcla de muchas cosas:

  • Paz: en ocasiones me imaginaba que lo que primero que iba a sentir era una tremenda euforia, que iba a dar saltos por la calle y que gritaría a los cuatro vientos lo feliz que me siento, pero no, no es así. Hasta las sensaciones son inesperadas. En realidad, lo que más siento en este momento es una profunda paz, una tranquilidad difícil de describir, como si fuera una pluma que acaba de caer ochenta pisos y suavemente se posa sobre el césped.
  • Liviandad: ahora que salí, ahora que veo el mundo desde afuera, es como si todo se expandiera y fuera más grande de lo que me parecía antes. En realidad el mundo sigue igual, el que se ha estirado soy yo. Salí de una zona de confort en la que estaba, tengo más espacio para moverme, la liviandad viene al darme cuenta de que yo mismo me he quitado varias ataduras.
  • Confianza / optimismo: el miedo y el estrés vienen cuando nos sentimos desbordados por las circunstancias, cuando percibimos que tal vez “no somos capaces”. Ya di el paso, ya estoy aquí, ya encaré el miedo y no dejé que me venciera. Tengo una sensación de confianza y optimismo que vienen de mí mismo, no de nada concreto en el exterior.
  • Resolución: en la zona de confort todo está controlado, todo es predecible y casi siempre hay forma de saber cómo saldrán las cosas. Pero esta es una vida con límites, es en sí una muerte lenta. La resolución tuvo que ver con superar esas barreras y expandir lo conocido pese a las dificultades que se veían en el camino.
  • Valentía: solo hasta que me decidí actuar fue que me di cuenta de que puedo ser más grande que mis miedos, de que adelante hay un mar de posibilidades, pero que sólo moviéndome puedo hacer algo con ellas y, que si la oportunidad no aparece, yo mismo la creo.

Más lecciones

La primera lección es que vivimos con mucho miedo; esto me impresiona y es algo que sólo se entiende al presenciarlo, porque el miedo termina volviéndose en algo natural, algo cotidiano y permanente (ansiedad) sin que siquiera podamos distinguirlo. Si sigues metido en lo que no quieres es porque tienes miedo de tomar la decisión de salir de ahí.

Otra lección es que de todos modos, si quieres que algo pase, hay que formular un plan, ejecutarlo disciplinadamente y tener claro el resultado esperado para no distraerte con cosas irrelevantes. Conozco mucha gente inconforme con su vida, que quiere que pase algo, pero que tampoco formulan y siguen un plan para que el cambio suceda… y lo más sorprendente es que les parece una novedad que alguien más sí lo haga. Es normal que esta gente te pregunte: “¡Ay! ¿Y cómo lo hiciste?” Adicionalmente, lo más triste es que en algún momento de la conversación te dicen: “¡Ojalá yo pudiera…!”

Lo que sigue

La incertidumbre no se ha ido, las dudas siguen ahí, no hay ningún jardín del edén, no es ningún idilio, no es el nirvana, no es la divina perfección, es simplemente la tranquilidad de vivir la vida tal como es.

Las cosas siguen, la vida vuelve a empezar, las cuentas siguen llegando y hay que seguirlas pagando, hay que seguir comiendo, hay que seguir creando, pero lo mejor de todo, lo que al final hace la diferencia, es que fuimos lo suficientemente valientes como para decidirnos a construir la realidad de vida que queremos y no la que nos toca. Lo mejor de todo es que no nos resignamos y que, al contrario, aceptamos lo que viene porque es finalmente lo que hemos decidido.

 

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5 comentarios en “Nadie llega a la tierra prometida sin pasar por el desierto

  1. Felicitaciones, llevar a cabo nuestros propósitos si que requiere una gran dosis de determinación pero también de esperanza para ir saliendo de nuestra zona de confort que es lo que nos retiene y nos hace fosilizarnos. Que esta nueva etapa sea de muchos éxitos y mas con esa hermosa razón del bebé que viene en camino. Un saludo desde Bogotá.

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