Las lecciones aprendidas vienen al actuar

Lo complicado es empezar, pero una vez que empiezas se abre un mar de aprendizaje. Estas son las primeras lecciones sobre simplicidad que me está dando iniciar el blog:

1. Esquivar la compulsión por el éxito: hemos sido educados para hacer las cosas para obtener algo externo por ellas; el patrón de recompensas se repite: un aplauso de papá y mamá, una calificación, un sueldo, una ganancia, etcétera. Vivimos en función de la meta, desconectados del camino; hacemos cualquier cosa por obtener lo que buscamos y ser alabados por ello.

Esto no es ni bueno ni malo, sino que trae muchas complicaciones: ¿Qué significa éxito? ¿Éxito para quién? ¿Cuál es la medida del éxito? ¿Cuánto es suficiente? ¿Qué hay que hacer para “alcanzar” el éxito? ¿Y qué tal si fracasamos? ¿Cuántos caminos hay para el éxito?

Las preguntas podrían seguir alejándonos de lo simple e importante: el propósito. ¿Al servicio de qué está todo esto? Al servicio de que sirva y punto. Lo demás que venga bienvenido será. El supuesto “éxito” no importa, y si es que llega a darse, es porque el propósito se ha cumplido plenamente; así de sencillo.

2. Miedo al fracaso: este es un hijo de la compulsión por el éxito. También está asociado con la educación en la que el mundo se divide entre ganadores y perdedores. El problema es que nos falta entrenamiento en el “aprendizaje a través del error” porque cuando fallamos “somos perdedores”; nos molestamos fácil porque las cosas “no salen como queremos”.

Al principio, Mantenlo Simple estuvo fuera de línea tres días porque configuré mal la ruta de acceso del dominio. Tuve que aprender hacerlo para poder empezar hacer pruebas con el sitio. Estuve molesto, desanimado y frustrado, pero era superarlo o dejar morir el proyecto por un pequeño código que debía escribir en un sitio web. Lo simple fue leer y entender cómo se hacía; me estaba complicando al refunfuñar porque WordPress no enlazaba automáticamente, tal y como yo esperaba que lo hiciera.

3. Qué dirán de mí: este miedo accesorio se camufla con los dos anteriores.  El éxito es lo que necesita el ego para definirse y alardearle a los demás. El miedo al fracaso es simplemente el temor a que haya poco éxito y que los demás nos sancionen, nos critiquen o nos dejen de “amar”. Aparte del drama emocional, esto genera un rosario de complicaciones.

Mantenerlo simple es tener claro que puedo decir lo que quiera; que soy responsable por lo que diga; que tengo obligaciones éticas; que debo ser impecable con las palabras y que habrá gente de acuerdo o en desacuerdo. Simplemente suelto el control y permito que se venga lo que tenga que venir y que cada quien ejerza su derecho a decir lo que quiera de mí. Las opiniones de los demás son solo eso y no me definen.

4. Todo super-claro y super-controlado: aquí viene el supuesto antídoto para “llegar al éxito”, “prevenir el fracaso” y “quedar bien”. Inmediatamente se me viene a la mente la deliciosa frase de Woody Allen: “No conozco la clave del éxito, pero sí la clave del fracaso: tratar de darle gusto a todo el mundo”.

Cada día trae su afán y en la medida que se vaya construyendo esta historia se irá aclarando el camino. Se vienen cosas entretenidas: “La prueba de la abuelita”, “Lo simple e intuitivo”, “Murphy aplicado a lo simple…”. Es cuestión de divertirse con ellas, dejar que lleguen y se manifiesten.

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