La teoría de la parada de bus

Mare Street, Hackney

O de por qué comprometer recursos ayuda a fijar el compromiso

Hace un tiempo escuché esa analogía en alguna publicación de Instagram. Alguien hablaba de ella y me “flechó” el argumento que daba sobre su funcionamiento. Luego de consultar, me di cuenta de que en realidad no hay una “teoría de la parada de bus”, salvo unos modelos estadísticos que hablan de lo que implica la espera en tiempo invertido por distintas personas… pero creo que vale la pena que desarrolle más esta idea porque nos ayuda a comprender por qué no nos movemos, por qué decidimos esperar, por qué abandonamos la espera o por qué dudamos de hacer una cosa u otra.

De qué va y qué implica

La teoría de la parada de bus se puede resumir en las siguientes ideas clave:

  • Las personas valoramos más aquello en lo que ya hemos invertido recursos, especialmente si son propios.
  • Todos decimos que queremos viajar, pero al bus solo se sube quien finalmente quiere llegar…
  • No es lo mismo sentarse a esperar el autobús que comprar el billete.

Dicho esto, surge acá otra explicación relacionada con el interés y el compromiso:

Interés

  • «Me gusta / me suena la idea»
  • «Estoy investigando»  
  • “Espero pasivamente a ver si llega”
  • «Algún día lo haré»

Compromiso

  • Ya pagué.
  • Ya empecé o estoy activamente a la espera.
  • Ya invertí recursos.
  • Ya hay consecuencias si abandono.

La identidad sigue a la acción mucho más de lo que la acción sigue a la identidad, esto es, expresado en términos sencillos, “somos lo que hacemos, nuestros actos nos definen”. Aunque añado algo ahí: También nuestras intenciones nos definen, es decir, no solo el acto, sino la intención puesta en el acto.

No es lo mismo alguien que lleva una hora esperando en la parada que alguien lleva solo diez minutos. Si no hay certeza de la hora de llegada del autobus, o de si aparecerá, es más probable que se quede esperando quien lleva sesenta minutos que quien solo ha puesto diez. Desde luego, la analogía admite discusión e inflexiones, porque normalmente el servicio de bus es más limitado y si necesitas ir del punto A al B, sí o sí debes esperar… pero, ¿cuántas decisiones en la vida nos ponen en ese punto?, ¿cuántas nos restringen a ese escenario “binario” donde o nos vamos o nos quedamos? Muchas salidas intermedias pueden volverse extremos atenuados, pero al final tendremos que tomar una decisión definitiva.

Luces de esperar en la parada

El compromiso de “comprar el billete” ya produce un cambio psicológico, aunque el viaje aún no haya comenzado. Ya deja de ser para mí una opción, ya asumo el compromiso de viajar y espero recibir lo que compré (el transporte de A a B)

Por eso, un principio elemental del cambio conductual recomienda crear compromisos previos (pre-commitments):

  • Entregar las tareas a tiempo
  • Pagar el curso o el programa antes de empezarlo;
  • Anunciar públicamente un objetivo;
  • Reservar un momento (tiempo bloqueado) y lugar;
  • Firmar un contrato (si aplica).
  • Visualizar una conducta de salida.

La inversión anticipada reduce la probabilidad de abandonar. La transformación comienza cuando una posibilidad deja de ser una idea–deseo y se convierte en una manifestación de comportamiento enfocado que refuerza la identidad. Tampoco nos gusta sentir que “perdemos” o “dejamos ir” algo que ya hemos pagado.

Sombras de quedarse esperando en la parada

La metáfora suele utilizarse para explicar por qué muchas personas permanecen eternamente «en la parada»; quedarse en la parada más de lo útil y necesario, también se puede ver como una forma de parálisis por análisis. Es ahí cuando somos ese tipo de personas que:

  • Hacen cursos o tienen mucha experiencia y nunca sienten que saben lo suficiente (síndrome del impostor);
  • Leen libros y no terminan de explorar varios autores antes de hacer algo con eso;
  • Consumen y consumen contenido (hasta exprimir Youtube…);
  • Hablan y hablan del proyecto, pero no lo emprenden o, de tanto hablar de él, lo van deformando con palabras;
  • Refinan y refinan la idea…

(…) Pero nunca comprometen recursos reales ni emprenden una acción concreta que refleje el estado o lugar en el que quieren estar.

A esto se suma un agravante: cuando uso recursos que no son míos, que me dieron y que otro tuvo que “luchar” por ellos. Un ejemplo que veo comúnmente es de jóvenes que no van a ningún lado… y, cuando lo analizas… te das cuenta de que tienen padres que les siguen proveyendo todo y resolviéndoles materialmente la vida. No digo que sea la única causa, ni que esté mal o bien, ni que ocurra así siempre, pero quien no tiene afán de valerse por sí mismo (a), difícilmente hará algo por subirse a algún bus en la parada. Mientras no exista una inversión significativa, el cerebro sigue percibiendo la actividad como una simulación de la realidad.

La lección y qué hacer si estamos “en la parada de bus”

Quizás la lección más obvia y directa es: saber cuáles boletos de autobús elegir comprar y cuáles no. El compromiso suena bellísimo, pero no todo “aguanta” volverse un compromiso. El interés, cuando es genuino, es la puerta de entrada al compromiso; también puedo mezclar varios intereses y consolidar un compromiso. Los hobbies son un buen ejemplo de eso: uno que persiste y crece, tiene una característica: mentalmente no tengo límites de recursos y tiempo para invertirle; uno que empieza y se va diluyendo, es fácil deducir que se trataba solo de un interés.

Por otra parte, aparece el bichito de la “terquedad” o la “tozudez”: ¿Hasta cuándo es sano quedarse en la parada esperando el bus o aceptar que no vendrá? ¿Cuándo será el momento en el que es necesario irse de nuevo a la taquilla y solicitar un reembolso del valor del boleto de autobús y viajar de otra manera?

A las respuestas que damos a estas preguntas es a lo que, entre otras cosas, también llamamos “sabiduría”.

Crédito de la imagen: https://rzhooker.com/By-the-Bus-Stop

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