Subrayar es mirarte: el libro como espejo interior

Por qué cada marca en un texto revela quién eres…

Hay quienes creen que subrayar y escribir en un libro es dañarlo. Que dejar una nota al margen es una especie de profanación silenciosa. Pero para quienes vivimos la lectura como algo más que consumo, hacer marcas en un libro es exactamente lo contrario: es reclamarlo, habitarlo, convertirlo en territorio propio y en una expresión íntima. Cada subrayado es una marca de pensamiento; cada anotación es un diálogo personal entre lo escrito y yo. En ese encuentro, ocurre algo más profundo de lo que parece: el libro deja de ser solo un objeto… y empieza a transformarse en una expresión simbólica de nosotros mismos.

951 palabras, 5 minutos de tiempo de lectura.

Arte y estética íntima y funcional: usar varios colores para subrayar le da un tono visual al texto que sirve de guía para distinguir entre lo hiper–relevante, lo relevante, lo importante y lo útil. Cada color y cada forma de hacerlo cuenta una historia distinta, es una confirmación especial.

Es una especie de diálogo simbólico en colores y señas: subrayar me ayuda a sentar mi posición en cuanto a la utilidad o relevancia que encuentro en lo que leo. Para algunos de nosotros leer no siempre es entretenimiento, es también una forma de confrontar ideas y perspectivas, es una clase de “diálogo simbólico” y atemporal con el / la autor (a). Poner estrellas, asteriscos, signos de interrogación o de admiración… en fin, todo esto hace que la mente no pase “tan de largo” por lo que se lee.

Es un método arcaico de “marcar territorio”, “marcar propiedad”: llámenle apego, fijación, proyección… no importa. Para algunos de nosotros los libros son una clase de extensión o expresión de nuestra identidad, de cómo nos vemos en el mundo. Hace poco leía algo que decía que compramos libros por miedo a la ignorancia y miedo a no tener respuestas (quizás tenga razón… no me importa entrar en esa discusión). En mi caso, los libros que tengo–atesoro–cuido, los compro por apropiarlos, por volver a ellos… así sea solo subrayándolos les doy mi toque.

Integración y “masticación” emocional del contenido. También método de estudio…: el subrayado selectivo, con colores y formas, las anotaciones y las señas se vuelven en una sinfonía de estímulos adicionales que, para aquellos que tendemos a ser más visuales, nos ayuda a aprehender el contenido de una forma especial y única, nos sirven como memoria visual de la resonancia de un texto y para recordar que esa frase o ese párrafo clave que nos voló la cabeza está en determinado lugar; muchos subrayados en color especial cuentan la historia de un momento “¡Uao!” en la lectura; funciona casi como un waypoint que me recuerda dónde está cada cosa para luego evocarlo. El texto deja de ser una estructura estática y visualmente monótona, para convertirse en una expresión magnética y llamativa.

Resonar con una verdad o realidad que siento como propia: cada cierto tiempo tomo un libro del estante y reviso lo subrayado. Me devuelvo a lo leído y a ideas centrales para reconectar ideas o refrescar conocimientos. Lo resaltado permite repasar dando saltos por el texto y hacer paneos rápidos. En cierta forma, subrayar también es una herramienta para repasar posteriormente con eficiencia y recalibrar la memoria.

Marca histórica del momento de lectura (resaltar puede variar con el tiempo): Me ha pasado que tomo libros que leí hace años y coincido con lo que resalté; también descubro que mi reacción emocional e intelectual actual cambia o en el “interín” descubro pedazos que me sorprendo de que “en esa época no los subrayé…”. A veces tomo el resaltador y los subrayo o agrego una nota… de nuevo preguntándome: ¿qué me pasaba en esa época cuando lo leí, qué era lo que no me hacía figura y ahora sí?, ¿qué ha cambiado en mí?  Responderme esas preguntas alrededor de lo subrayado se convierte en un “mapa de relevancia personal”, un mapa de memoria, casi como demarcar un territorio, especialmente si ha pasado mucho tiempo (años) entre una lectura y otra.

El libro físico es un objeto vivo, resaltarlo es una indicación de que “algo pasó por aquí”: subrayar un libro es casi como darle una personalidad propia, es hacerlo especialmente–mío–digerido–por–mi–mente–y–transformado–por–mis–manos. Ese libro, luego de subrayado o anotado, ya no volverá a ser el mismo, ha salido de la serie y de la presentación genérica, dejó de ser uno más y pasa a convertirse en una extensión de lo que vi en él y de lo que significó en mi vida.

Quizás sea un eco futuro para quien luego lo reciba: algunos libros, pasado un tiempo, dejan de ser significativos para mí por muchas razones. Algunos los vendo, otros los dono a la biblioteca pública, algunos logro canjearlos por otros libros (usados) que se vuelven nuevos en mi colección y algunos se los he regalado a otras personas que quiero y que sé que les sacarán provecho… verán el subrayado y quizás les llame la atención, les estorbe o se pregunten por qué particularmente esa frase está resaltada, por qué esa seña está ahí… cada color, cada cosa en sí misma cuenta una historia particular… tampoco importa mucho.

Por último, vale resaltar que un libro no amerita (o no debe) ser subrayado si es sujeto de alguna de estas tres condiciones:

  • Pertenece a una biblioteca pública o alguien más que me lo prestó
  • El libro es una edición rara, antigua o muy costosa, y hay que cuidar su integridad original (se vuelve artículo de colección y culto…)
  • Definitivamente el libro es tan “malo” [o flojo para mí…] que no amerita ni subrayarlo… en dado caso, sigue su vida intacto

En suma…

No marco un libro, que primero no me marque a mí…

📚

Tus comentarios le dan vida al sitio:

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.