Fuck up nights: qué son y cómo se hacen

Las ventajas de mostrarse vulnerable e imperfecto

En esta era de fama y “exitomanía”, repleta de estrellas, influencers, “rankings de triunfo” y “expertos opinadores en redes sociales”, reconocer los fracasos y ventilarlos abiertamente se convierte en una clase de liberación, en una acto de rebeldía. Las “fuck up nights” son el espacio para esos encuentros y para desplegar esa actitud. Veamos de qué se trata.

¿Qué son?

Tal y como las describen en el sitio https://www.fuckupnights.com/,  las “fuck up nights” (en adelante abreviadas como FUN), son:

“…una serie global de eventos donde se comparten historias de fracaso en los negocios. Cada mes, en nuestros eventos por todo el mundo, conseguimos que tres o cuatro personas se enfrenten a una sala llena de extraños para compartir su propia cagada. Historias de negocios que quiebran, acuerdos de socios que se pelean, productos que deben retirarse del mercado: ¡lo contamos todo!”

Tuvieron su origen en 2012 en Ciudad de México y rápidamente se expandieron por el mundo. Se basan en historias reales, sin adornos ni eufemismos, ¡esa es la clave! Actualmente tienen un alcance de más de trescientas (300) ciudades en el mundo y están especialmente enfocadas a emprendedores… aunque mi propósito en esta entrada es asegurar que casi cualquier tema (o línea de temas) tiene potencial de dar material para realizar una sesión de FUN.

Puedes hacerlo dentro de tu empresa con tus compañeros de trabajo, con tu grupo o club de deporte, otros padres del colegio de tus hijos, un grupo de investigación, una asociación sindical, miembros de la parroquia… con quien quieras. El punto es que compartan un interés común en la temática que se abordará.

El fondo de las FUN es encontrarnos para poner en común nuestros errores, nuestras cagadas y el camino que nos llevó al fracaso… además de extraer las lecciones y reflexiones que nos dejan esas fallas. Son también un espacio para poner las cosas en perspectiva, generar alertas y plantear alternativas a otras personas que podrían estar transitando el mismo camino que nosotros.

Las FUN nos conectan con nuestra parte vulnerable, nos obligan a disolver el ego y, en muchos casos, también a reírnos de nosotros mismos. En ese sentido, las FUN pueden llegar a ser sanadoras y reconciliadoras. Cuando hablas sobre tus fracasos te obligas a poner los pies en la tierra y le muestras a otros el principio de realidad de muchas cuestiones que quizás desconozcan. Aunque abiertamente ese no sea el propósito, una sesión de FUN puede volverse hasta “terapéutica”.

¿Cómo se hacen?

Es recomendable tener una disciplina, acordar una o varias fechas fijas al mes y tener un lugar fijo de ser posible. Por ejemplo, acordar que se hagan el primer jueves de cada mes, en el bar o auditorio tal… previa inscripción.

También es necesario que haya responsables de la organización y la convocatoria (conocidos como los “Fuckupper”). Casi siempre esto es “ad-honorem” y por puro gusto. Sé de casos donde alguien presta un espacio (restaurante, bar, cafetería, etc.) y la contraprestación que recibe son los consumos en el lugar.

Casi siempre se traen tres o cuatro relatos reales de fracasos que ojalá sigan una misma línea temática. Las presentaciones deben ser precisas y breves; normalmente promedian los siete (7) minutos, pero según la temática y los presentadores, puede extenderse máximo hasta los quince (15) minutos… Se puede utilizar la metodología de panel o simplemente dejar que cada presentador (a) pase a su turno. Lo importante es centrarse en lo clave y dejar buen tiempo para la ronda de preguntas de la audiencia, que normalmente se dejan para el final.

Esta es la estructura general de presentación en una FUN:

  • Contexto breve / Antecedentes
  • Cuál fue y cómo ocurrió el fracaso principal
  • Qué enseñanza le dejó / Cómo afectó esto su vida personal y social
  • Hoy día, qué hubiera hecho diferente y por qué

Es fundamental abrir un espacio para preguntas; la mayor riqueza se da al final porque es cuando se conectan mejor las experiencias de acuerdo a las inquietudes de la audiencia.

Normalmente los encuentros se hacen de manera gratuita. Se le puede sugerir a los asistentes que si lo desean pueden llevar un compartir (pasabocas o bebidas) que luego se intercambian durante el evento.

Es útil tener un sitio web, cuenta de redes sociales, Meetup o cualquier otra alternativa para facilitar la difusión de información del evento y recoger datos de potenciales participantes. En cualquier caso, es fundamental mantener las cosas simples; mientras más sencillo, ágil y descomplicado sea el evento, mucho mejor.

Mi [breve] experiencia haciendo algunas

Mi experiencia casi toda ha sido dentro de una empresa, en mi trabajo. Empecé haciendo “fuck up nights” sin saberlo, sin que se llamaran así. Era líder de una comunidad de práctica y cuando hacíamos encuentros me gustaba reservar unos minutos para recoger “lecciones aprendidas” a partir de las dificultades, tropiezos y errores cometidos por los miembros de la comunidad. Aunque de manera informal, poco a poco fui forjando una cultura de liviandad frente al error, de apertura y de cooperación porque también era común descubrir que muchos fracasos tenían réplica o que se debían a vacíos que compartíamos entre sí.

Más recientemente tuve la oportunidad de organizar algunas sesiones y se me ocurrió convocar al líder (gerente) del área a que fuera el primero en presentar. Sin proponérnoslo, fue absolutamente ganador porque pasó de mostrarse como un “gran genio sabelotodo” a un ser humano vulnerable que compartió varios errores que había cometido. La magia ocurrió cuando su equipo presenció la valentía con la que presentó y los inspiró a abrirse y seguir exponiendo sus fallas para aprender de ellas. En resumen, la FUN nos ayudó a desmitificar el “liderazgo” y a construir autoridad de forma natural.

Sin duda, las FUN son una alternativa para hacer gestión del conocimiento, otra manera de extraer lecciones aprendidas y colaborar en los equipos. Pensar en los fracasos pone la mente alerta, nos obliga a hurgar en los detalles y a reflexionar sobre la acción que emprendimos; esto es a lo que se llama “aprendizaje de doble bucle” (double loop learning).

Las FUN ayudan a romper estigmas frente a lo que es el error y el fracaso. Inciden positivamente en la cultura porque al relacionarnos distinto frente al error, rompemos la fijación del perfeccionismo y la tendencia a caer en el hábito del desempeño promedio que teme a arriesgarse y probar.

La percepción sobre el fracaso y la emocionalidad asociada al mismo cambia con el tiempo; no es lo mismo hablar de un fracaso reciente, cuando la sensación de dolor está viva, que de uno ocurrido hace muchos años. La gente sabe a qué va, por eso no se ven “dedos acusadores” ni gente “juzgando” u opinando; los asistentes van a nutrirse de las lecciones de los errores de otros y en el fondo saben que tal vez en algún momento podrían se ellos o ellas los que pasen al frente a contar su lección.

Las FUN ayudan a “desdramatizar”, porque vemos que a otros también les pasa… Nos permiten presenciar la experiencia dual “éxito – fracaso” como parte de una misma realidad, no necesariamente como algo “negativo” o “positivo”, porque a veces los éxitos aparentes esconden fracasos y viceversa. Podemos descubrir que algunas cagadas pueden ser inclusive peores que las nuestras.

Viendo el mundo así, nos quitamos el estigma de que “los malos somos solo nosotros” y nos damos cuenta de que fallar puede ser más común y más nutritivo de lo que creemos.

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