Escasez (leído – y 2)

Segunda y tercera parte

Segunda parte: La escasez crea escasez

Frente a un viaje de una semana afrontamos la diferencia que hay entre en la decisión de empacar en una maleta grande o una pequeña. Algo similar ocurre en las épocas de vacas gordas y en las de vacas flacas. La escasez y la holgura generan contextos que influyen poderosamente en el comportamiento.

Cuando tenemos poco razonamos a través de un pensamiento compensatorio, es decir, “si hago esto, debo dejar de hacer lo otro y viceversa”. Nos cuidamos más, planeamos mejor y ocupamos el “ancho de banda mental” en la supervivencia y el control, dejando de lado otras posibilidades que no sean útiles a ese propósito.

La holgura es lo contrario al pensamiento de escasez. Cuando tenemos más “espacio”, recursos y tiempo, nos sentimos holgados. Si experimentamos holgura no hay que hacer intercambios ni compensaciones porque simplemente hacemos tanto como podemos. Aunque esta posibilidad es finita, nos permite estirarnos.

“Si tenemos holgura, no nos sentimos obligados a cuestionarnos la utilidad de un artículo (…). Como no hay un intercambio compensatorio, solo pensamos: ¿Por qué no?”. (p. 108)

La escasez es “una sensación subjetiva de tener más necesidades que recursos” (p. 117), pero por otra parte no se puede comprender la psicología de la escasez si no se comprende la psicología de la holgura. Cuando sentimos que tenemos más recursos que necesidades (holgura), somos propensos al desperdicio, la ineficiencia y el lujo al no tener que pensar o darle importancia a la consecuencia de las equivocaciones o pérdidas.

La escasez y la holgura son fenómenos perceptuales. Lo “mucho o lo poco” son relativos al observador. No obstante, quizás con un estándar se diga cuál es a la medida, pero ¿Qué pasa si alguien es capaz de superar el estándar? ¿Cómo quedaría la medida? Igualmente ¿Cuál es la supuesta objetividad del estándar?

La percepción determina nuestra capacidad de dar valor a los recursos; la escasez nos hace más agudos y expertos para hacer valoraciones que cuando estamos en la holgura, pero también, como nos obliga a caer en pensamientos compensatorios, hace que se nos acorte la vista para dar valor a una cosa con respecto a otra. Entendámoslo mejor con un ejemplo: Estamos ante la opción de comprar un libro sobre finanzas personales (con ideas para hacer rendir el dinero…) que vale $30 y, al mismo tiempo, pensamos que con ese mismo dinero podríamos pagar un almuerzo promedio para dos personas o abonar a la deuda en la tienda donde hemos fiado algo de las compras del hogar… La disyuntiva es: ¿Almorzar o “gastar” en un libro? Parece que el libro, pese a su utilidad a mediano y largo plazo para salir de la escasez, claramente se ve como un lujo impagable por ahora…

La percepción de valor en un contexto de holgura también determina nuestra inclinación por los descuentos… no suscita el mismo interés que te descuenten cuarenta $40 en una compra de cien $100 a que te los descuenten en una de $800. Hablamos de la misma cantidad de dinero, pero la percepción de ahorro es completamente diferente; la holgura nos hace perder la idea del valor que tienen los $40.

Una lógica similar, pero inversa, funciona en el ámbito del financiamiento. La escasez presente parece crear más escasez futura. Cuando nos faltan recursos en el hoy rápidamente asumimos que tampoco los tendremos en el futuro y que debemos prepararnos a través del crédito. Sin embargo, la escasez de hoy parte de la “visión de túnel” que nos da lo que debemos de tiempo atrás y nos sumergimos en la espiral descendente de la deuda al comprometer ingresos futuros para cubrir la escasez de hoy.

La escasez también hace que caigamos en el malabarismo, que no es más que el paso de una tarea urgente a otra. Resolvemos problemas local y temporalmente, hacemos lo que podemos en el presente, pero esto genera problemas en el futuro…. Una reparación barata soluciona el problema ya, pero no resuelve la falla en el futuro. Cuando lanzamos muchas pelotas al aire nos concentramos justo en la que está a punto de caer y olvidamos el resto. El malabarismo hace que los sucesos predecibles se consideren crisis.

“Cuando se hacen malabares, la concentración se dirige a las pelotas que están a punto de caer y se descuidan las que están en el aire. Cuando estas pelotas descienden ‘de repente’ sorprenden al malabarista enfrascado en la visión de túnel, es decir, se encuentra ante una crisis”. (p. 164)

Para salir de la trampa del malabarismo se requiere planear, algo que es contradictorio con la realidad móvil y en crisis de la visión de túnel. Planear es importante, toma tiempo y esfuerzo, implica tomar distancia y ver las cosas en perspectiva… todo esto es lo que exactamente se restringe en un ambiente de escasez. Inclusive, así hiciéramos el plan, la urgencia del momento nos sustrae de la posibilidad de cumplirlo porque no tenemos “ancho de banda” ni control cognitivo suficiente.

Tercera parte: Diseñar para la escasez

La escasez nos enreda en el “Pensamiento compensatorio” y tenemos que decidir entre una cosa u otra.La holgura nos permite optar por ambas

Este punto del libro podría resumirse en que la escasez se elimina o se mitiga ampliando el ancho de banda (capacidad de atención y procesamiento cognitivo) y reduciendo la visión de túnel (ampliando la mirada). Esta afirmación parece no ser muy radical ni novedosa considerando lo dicho hasta el momento, pero quizás por eso misma resulta tan compleja en la práctica.

Una cuestión es clara: la pobreza (de tiempo, dinero, recursos, etc.) no es un asunto “estructural”, ni de personalidad. Es esencialmente una situación percibida y plenamente anclada al contexto. Frente a la misma situación dos personas pueden sentirse una holgada y la otra escasa. Dos estudiantes que tienen que resolver un taller de matemáticas: uno es hábil y sabe que en unas pocas horas podrá resolverlo con poco esfuerzo… será el prototipo de la holgura. El otro es menos hábil y se le suma el hecho de que está atrasado en otro trabajo…, su sensación será la de escasez.

El ejemplo anterior ilustra el punto de que la escasez y la abundancia podemos crearlas y administrarlas. Por otra parte, tampoco se trata de caer en una verdad aparentemente obvia, pero que es una trampa: la holgura es mejor que la escasez o viceversa… eso depende.

Todo es relativo: en una empresa las épocas de escasez son las que sacan a flote los desperdicios y las ineficiencias. Las economías nacionales más holgadas son las más dadas al consumismo y el desperdicio. La holgura da tranquilidad y liviandad, la escasez nos puede estresar y dificultarnos pensar.

Ahora bien, ¿Qué tiene que ver esto contigo? ¿Cómo incide en tu vida? Pues bien, es momento de preguntarte ¿Qué estás dejando de hacer porque percibes que no puedes o no tienes cómo hacerlo? ¿Qué quisieras poder tener? ¿Qué has desperdiciado hasta ahora? ¿Con qué te has movido con soltura? De ahí vendrán todas las respuestas útiles frente a tu idea personal de la escasez.

Sin duda el problema de la escasez tiene muchas más aristas. Aquí nos remitimos sólo a los aspectos propios del libro que por cierto al final se pone un poco soso y repetitivo. La escasez también tiene un aspecto espiritual que por ahora no abordaremos… se puede ser muy escaso teniendo millones en propiedades y viceversa. Los casos así abundan, pero no los discutiremos por ahora. Espero que este resumen te de algunas ideas y que te sea de utilidad.

Tal vez te interese revisar la primera parte: Escasez

🙂

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