
El Mapa Heredado como punto de partida…
Por aquí arrancamos la mayoría, con el manual en la mano, el manual heredado, con lo que nos dijeron que había que hacer (el by the book), ya sea explícita o implícitamente. Salimos a la calle y vemos que la mayoría está haciendo más o menos lo mismo y se espera que nosotros también lo hagamos para encajar, para no salirnos o tan solo para sobrevivir.
Solo piensa en esto: si fuera de otro modo, los juegos olímpicos serían muy diferentes, premiaríamos a los deportistas por romper sus propias marcas, no tendría sentido ir a “vencer” a nadie.
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Tenemos todo un sistema social diseñado para la comparación y la autoanulación; aunque digan que la nuestra es una sociedad individualista, en el fondo se trata de un individualismo relativo, un individualismo basado en sobresalir a través de la comparación, no en trascenderse a sí mismo. Eres “individuo” en tanto sobresales, si no, es mejor que te anules y te diluyas… looser.
Entonces llega toda esta literatura de ahora: sé tú mismo, encuentra tu camino, resuena con quien eres, exprésate… eso sí, pero mientras, mira a ver cómo le haces para sobrevivir.
La inercia del sendero trillado, de la senda que todos caminan [y caminamos] no es más que el síntoma de buscar seguridad, validación, miedo al vacío, pertenencia, ser incluidos… en una palabra: sentirnos amados.
Las expectativas ajenas y las nuestras sobre los demás, actúan como un entramado que parece darnos una ruta que no sabemos qué sentido tiene, por eso se convierte en un ruido de fondo que siempre nos acompaña, el “ruido de la multitud”, y cuando ocasionalmente te distancias y dejas de escucharlo, te asombras al verte en medio de tanto silencio: ¿Qué es este lugar?, ¿yo qué hago aquí?, ¿cuándo y por qué me salí?, ¿ahora hacia dónde sigo? Por eso el camino trillado parece darnos piso, sentido, base, rumbo, así en el realidad no queramos andarlo.
Identificar ese momento de fricción donde el camino marcado deja de ser suficiente es un quiebre profundo en la vida de muchos de nosotros. Varios hemos estado ahí varias veces… muchos otros morirán sin siquiera darse por enterados. Vivieron, sobrevivieron… desde luego, algo se llevarán y de alguna forma ayudaron a mantener el ruido de la multitud.
Somos la sociedad de la insuficiencia, no alcanzamos para nada, el estándar siempre se está moviendo, la aguja siempre está subiendo, esto es agotador, demoledor… y esa medida externa luego la volvemos interna, solemos ser implacables con nosotros mismos o escapamos hacia el reino de la autocomplacencia, pero encontrar el punto medio es un enorme desafío.
El Equipo de Supervivencia (Mentalidad)
Ahora nos vamos a unos ‘cómo’ sencillos. Uno de ellos es recuperar la brújula de la curiosidad y la capacidad de asombro, cambiar el miedo por exploración. Muchas veces sentimos que “tenemos mucho qué perder”, pero en realidad es poco comparado con todo lo que tenemos para ganar. Es así de simple… ¿te suena familiar? Ahora pregúntate:
- ¿Qué tienes pendiente por hacer que no te has atrevido a realizar?
- ¿Cuál es esa conversación que todavía no has abierto?
- ¿Qué eso que tienes que cortar ya y que no te atreves, que te da miedo?
Acá podría seguir con más preguntas, pero el punto es: en estas respuestas habrá un patrón, y ese patrón te muestra el lugar que te asusta. Ese lugar está fue del camino transitado… si vas hacia allá te vas a encontrar cosas incómodas, oscuras, sombrías, pero también otro tanto de cuestiones reveladoras, luminosas y constructivas.
Por ejemplo, eso que no has hecho te puede estar indicando que la motivación no es tuya o que lo harías por alguien más, o que no has buscado la forma de resolver cómo hacerlo, o no has pedido ayuda o estás cómodo en tu lugar… pueden ser muchas cosas. Esa conversación te puede mostrar que no estás segura del todo, que temes alguna reacción violenta, que ya has desarrollado alguna desesperanza porque así hables crees que no pasará nada nuevo, o temes una ausencia o separación… no es la conversación pospuesta en sí misma, sino el fantasma interior el que no te deja abrirla. Eso a lo que temes cortar, pero que sabes que has desarrollado una forma de apego o dependencia… Todos estos son caminos trillados, la ruta de la que necesitamos salir y no salimos.

Lo asombroso es que sabiendo lo que tenemos que hacer, no lo hacemos, seguimos ahí, echándonos mentiras y cuentos tranquilizadores, en vez de tomar acción, en vez de hacernos cargo. Movernos, salir de la inercia del camino trillado puede ser aterrador, porque nos saca a “otras rutas” o a “ninguna ruta”, a no saber qué hacer o por dónde andar… es ahí cuando tenemos la alternativa de elegir: o caminamos por donde estamos, sea como esté el camino, o regresamos al camino conocido… y ese regreso también muchos lo hemos probado y sabemos la pérdida que representa, la frustración, el cansancio y la sensación de debilitamiento que nos da. A veces somos capaces de volver al camino trillado y caminarlo un poco mejor, pero eso no le quita lo trillado.
El Arte de Perderse (La Práctica)
Otro ‘cómo’ es desaprender el norte, cuestionar y soltar las “verdades absolutas” que nos enseñaron. En estos tiempos de tanta manipulación, influencia, guerra por la atención (nuestra atención), esta cualidad de ver críticamente la realidad se vuelve en una virtud crucial para sobrevivir.
Una pregunta para que dejes de caminar el camino trillado: Frente a esta situación, ¿cuál es mi brújula interna y cuál es el GPS social (qué me dicen desde afuera)?, ¿cuál es la señal que estoy siguiendo y la que realmente quiero seguir?, ¿qué me implica una cosa u otra? El asunto aquí no es decir que “seguir” el camino trillado es “malo” o que “dejarlo” es “bueno”, no funciona así, el asunto es saber, de fondo, qué implica una cosa u otra y tomar una decisión consciente. A veces seguir el ruido y mantenerse en la inercia de la masa nos puede proteger de cosas, de fisuras y riesgos… pero cuando ya sea momento de salir, pues salimos.
La intuición, la curiosidad y los valores nos dan brújula interna, un rumbo tranquilo y coherente. Si tomaste una decisión que te hizo perder millones, pero estás en paz con la decisión, seguiste tu brújula interna. Si dejaste ese empleo como asalariado de lujo, pero ahora tienes la paz y luminosidad que habías perdido, seguiste tu brújula interior. Esas decisiones quizás te ponen a andar por un camino extraño y poco conocido, incómodo a ratos, pero al final encontrarás la manera de andarlo. Es simplemente, aprender a caminar sin el aplauso o la adhesión ciega.
Desde luego, y quizás ahora lo estés pensando, en los caminos nuevos hay más tropiezos, pero las vistas son mejores. No se trata solo de ir hacia adelante, sino de saber desviarse cuando algo brilla a los lados. Incluso de saber detenerse para apreciar el paisaje y, por qué no, en esa observación encontrar otro camino menos transitado pero igualmente válido para ti.
Esa decisión te puede llevar a caminar a solas, pero esto no significa que estés perdido, al contrario, llega un momento en que te das cuenta de que hay otros que tomaron esa decisión antes y dejaron algunas huellas o ya llevan tiempo andando por ahí y se saben bien el camino. Te pueden servir como guías y mentores, porque quizás experimentaron las mismas dudas que tú.
Te sales del camino y empiezas a caminar y dejas nuevas huellas… las tuyas. En ese momento tus pasos empiezan a dejar una marca para otros… y tal vez te sigan, te acompañen o te escuchen… pero verás que ya no estarás más solo. Tu camino sirve de guía a otros que también se cansaron o se perdieron en el camino trillado. Es una ecuación bella, me ha costado y me he demorado en entenderla, pero doy fe de que funciona.
Otro asunto es que no hay punto de llegada, no hay que ir a ningún lugar. El afán de rumbo es lo que nos hace caer en el juicio de que nos “perdemos”, cuando en realidad se trata de “explorar”, de “experimentarnos siendo”. Quiero ser muchas cosas, eso implica andar por muchos lugares, ir y volver. El objetivo no es el destino, sino la capacidad de elegir el rumbo y vivirlo; esto despedaza todo lo que nos han enseñado sobre el camino trillado: haz 1, haz 2, haz 3, haz 4, haz 5… y al cabo de unos años ya deberías estar en tal o cual lugar… y si no lo has logrado, entonces perdiste. Igual las cuentas hay que seguirlas pagando… pero ese es otro asunto…
Cuando pruebas otros caminos, eres capaz de poner en perspectiva el “camino común”, el trillado. Luego te costará volver a él, te darás cuenta de que eres capaz de salirte de él. Eso te dará una confianza única, pero el enorme desafío es tomar la decisión y dar el paso a un lado. Esto tiene un costo: El camino transitado se paga con monotonía y anestesia; el menos transitado se paga con soledad o incluso crítica. En el trillado, la anestesia te alivia de sentirlo todo; al contrario, en tu camino menos transitado lo experimentas todo porque ahora la vida deja de ser un plan repetido, ya nadie te carga, todo se vuelve más descontrolado, imprevisible, ya eres responsable plenamente de tu decisión.
¿Cómo tomar la decisión de salirte del camino trillado? Sencillo, solo basta con que te preguntes: ¿Qué será de mí si sigo por este camino? La respuesta y el tiempo que creas que te queda te darán la guía que necesites… ya será neta responsabilidad tuya actuar, porque será una serie de desaprendizajes. Eventualmente, “tu camino menos trillado” se puede volver trillado, hay que revisarlo cada cierto tiempo, pero de fondo, la clave estará en olvidar sólo leer los mapas de otros, aprender a confiar en la propia brújula y en el propio paso.