Diez cosas que hago para recordar mejor lo que leo

En estos días me preguntaron: ¿Qué haces para recordar tanto lo que lees? En realidad, NO ME PARECE que memorice mucho, de hecho, me cuesta trabajo recordar “en frío” de qué va el libro, pero cuando encuentro los “ganchos” o “anclas adecuadas” puedo evocar con facilitad lo que decía el texto. También me he dado cuenta de que esto no me pasa con todos los libros. Por eso mejor escribiré qué hago para memorizar… capaz que a ti también te funcionen mis “técnicas” …

1. Leer lo que me interesa y me gusta

Parece una tontería absurdamente obvia, pero la pasión que me despierte lo que leo es una clave esencial para retener en mi memoria mucho de lo que leo. El cerebro es un tragón de energía, pero también economiza información… si algo no nos gusta, simplemente no consumimos energía memorizándolo (a menos que termine siendo traumático). Si quiero retener algo en mi memoria, es porque me gusta: la emoción positiva favorece la retención, lo mismo la emoción negativa, pero el trauma / rechazo también tiene sus sombras asociadas a la selectividad…

El gusto es fundamental para concertarse y mantener la atención. Muchas de las técnicas que uso y que te cuento más abajo, dependen en gran medida de esto. Si no me concentro, si ya tengo sueño o estoy cansado, nada de esto funciona.

2. Resaltar pedazos del texto

Es común que lea libros que son míos… es decir, libros que compro para tenerlos y poder darme el gusto de resaltarlos y hacer algunas notas si es del caso. Mi canal de representación es “visual”, así que me es más fácil recordar qué decía el autor en qué parte del libro, solo por la marca de color que le puse o por la posición relativa en la página o tramo del texto. También soy de los que regreso sobre lo resaltado, es decir, termino el libro o, si voy muy adelante, me regreso, repaso las frases coloreadas y las relaciono con lo que ya avancé.

Desde luego, esto es para la lectura de ensayos, textos informativos, papers y cualquier cosa que entregue información. Si se trata de una novela o un cuento no hay necesidad de esto… con la visualización mental, con imaginarme la narración como si estuviera armando una película en mi cabeza, basta y sobra.

3. Me imagino dando una disertación

Con ciertos temas y autores me gusta parar e imaginar que estoy dando una conferencia o una clase sobre el tema… visualizarme y repetirme lo que me leo tiene un sabor especial: me pone a prueba sobre lo que entendí; me ayuda a descubrir cuáles son los puntos flojos que tengo que reforzar para volver sobre ellos (releer e integrar) y me obliga a poner en mis palabras eso que comprendí.

Hay algunas ocasiones en las que incluso me imagino qué preguntas “me haría el público” y me doy a la tarea de responderlas.

4. Conversar con alguien sobre la lectura

Suelo contarle a alguien cercano sobre lo que estoy leyendo, especialmente si sé que es una persona intelectualmente curiosa o que le interesa el tema que estoy revisando (el / la “cabeza–hueca” promedio ni siquiera se molesta en curiosear sobre la lectura o simplemente no se aguanta la explicación sobre la lectura…). Normalmente esa persona me preguntará de qué va la lectura y me hará más preguntas adicionales; en suma, es casi lo mismo que comenté en el numeral 3., pero con alguien de por medio.

Esta suele ser una buena técnica sobre todo poque las personas me pueden hacer preguntas que ni yo mismo me hago… son muchas las ocasiones en las que no tengo la respuesta y tengo que volver al libro o incluso consultar más.

5. Abro un debate imaginario con el / la autor (a)

Aunque hay muchos autores que amo y que casi idolatro… también me enfoco en no tragar tan entero y en recordar que también son humanos y que su enfoque eventualmente puede tener limitaciones, inflexiones, vacíos o fallas.

Hay ocasiones en las que le mentalmente le he dicho a Jung: “me temo que no estoy de acuerdo contigo en este punto…”; “hummm, cómo se vería esto que afirmas en la gente y la cultura de hoy…”; “posiblemente este punto de vista sea producto de tu tiempo, pero actualmente estamos en tal o cual punto…”. No lo hago por capricho, arrogancia o tozudez, lo hago porque genuinamente busco los puntos de quiebre de los argumentos.

Esto tiene un enorme beneficio porque evita que trague entero, me obliga a tener mis propios argumentos y a comprender muy bien el punto de vista del autor… eso sí, hace que la lectura de algunos libros sea sencillamente eterna porque el proceso de avance se ralentiza más.

Desde luego, no con todos los libros y autores es necesario hacer esto, pero hasta con novelas que dan giros flojos e inesperados lo he hecho…: “A ver, ¿de cuándo acá una situación como esta se resuelve tan fácil…?”; y así me doy cuenta también que a veces los autores tienen pereza o quieren pasar rápido al siguiente pedazo de la historia sin enredarse en detalles.

El debate imaginario también lo nutro con asociaciones de cosas conocidas: ¿Esto se parece a qué?, ¿es asimilable con qué?, ¿de qué dista?, etc.

6. Leer antes comentarios y críticas sobre el libro

Hay críticos profesionales, reseñas en blogs y lectores en Amazon que hacen unas reseñas muy valiosas sobre los libros. Desde luego me dan un punto de vista que proviene de esa persona, pero también me ponen los pies en la tierra sobre aspectos que vale la pena considerar… Leo tanto las reseñas de cinco estrellas, como las de una o dos. Todas aportan puntos de vista útiles y al final yo decido qué me llevo, qué tomo del libro.

También me he dado cuenta de que hay críticos implacables y otros benévolos… al final me quedo con lo que logro ver, con lo que resuena en mí. Aclaro también que en nuestra cultura latinoamericana eso de reseñar o escribir comentarios sobre los libros es poco común; tocar buscar libros en inglés y comentarios en ese idioma. ¿También te ha pasado?

7. Leer por oleadas

De unos años para acá, me ha funcionado leer varios libros en seguidilla sobre el mismo tema o asuntos similares. Tiene como ventaja que memorizo más y mejor, puedo juntar los puntos y hacerme una idea más completa de las cosas confrontando diversos argumentos de autores diferentes. Este año (2025), por ejemplo, las seguidillas fueron sobre: “alquimia” (3 libros), “gnosticismo” (3 libros) y “geometría sagrada” (7 libros). Ha habido más libros en el ínterin, pero estas seguidillas refuerzan mucho la retención.

¿Cuál es la desventaja que tiene este método? Que después no recuerdo dónde leí qué… cuál autor (a) mencionó qué cosa… y me toca devolverme a buscar en cuál libro estaba. Igual, tampoco es el fin del mundo…

8. Alternar temas

Brincar de un libro a otro que entre ellos tengan temas o géneros disímiles, ayuda a la retención. Parece contradecir el punto anterior (7.), pero en realidad ayuda a atenuar las oleadas. Por ejemplo, este año, pasé de la “Historia secreta del mundo” de Jonathan Black, a hacer un tránsito rápido por el “Lobo estepario” de Herman Hesse y luego brincar al libro de “Gnosticismo” de Stephan Hoeller… y así sucesivamente.

9. Uno al tiempo

Hay gente que es capaz (y le gusta) leerse varios libros al tiempo. En mi caso particular no me funciona. Los libros son proyectos que empiezo y termino; no me gusta dilatarlos mucho porque después me cuesta retomar el hilo de dónde iba. Así que voy trabajando sobre un libro a la vez, me enfoco en él y así se me facilita la vida. Procuro leer un libro a la semana, pero desde luego, entre el trabajo y las demás ocupaciones no siempre alcanza el tiempo para ello, por lo que me puedo retrasar.

Desde luego, también entra en juego la tipología del libro: No es lo mismo leerme un relato (novela o cuento) que un ensayo. No es lo mismo enfrentarse a una narración del estilo “El psicoanalista”, que a un texto denso y profundo como puede ser un libro de Jung o Ken Wilber (solo por dar ejemplos). La extensión en páginas no importa, termina siendo irrelevante… lo que pesa es la elaboración de lo que sea que lea.

10. Tomar notas formales

Hay pocas ocasiones, por cierto, en las que hago mapas mentales para resumir lo que leo. Esto lo hago cuando el libro en cuestión es la base de una charla o taller que vaya a ejecutar, o si tengo que preparar una presentación sobre el asunto.

Desde luego, los dos o tres lectores que llegaron a esta altura dirán: “¡Oye, pero eso ya te lo puede hacer la IA!”, a lo que yo les digo… Sí, lo sé, la IA se ha vuelto una aliada poderosísima porque se encarga de tareas largas, detalladas y tediosas, pero cuando se trata de mi aprendizaje, la hago a un lado… porque la “delegación cognitiva” me parece un riesgo gravísimo y prefiero mantener mi cerebro en guardia, funcional y longevo.

Familiarizarme con el autor

Tuve un profesor en la universidad que nos invitaba a esto… y me demoré casi una década en comprender el inmenso valor que tiene: cuando abordo un libro por primera vez me gusta saber quién es el / la autor (a), sus antecedentes personales, qué ha estudiado, qué más ha publicado, etc. Reviso si es o no un referente en el asunto que trata y, de ser posible, estudio alguna breve biografía que haya por ahí (sí, la IA también ayuda a armar esos resúmenes biográficos, pero hay que tener cuidado porque a veces no junta información del todo precisa y correcta… me ha pasado infinidad de veces).

En resumen, lo que me impresiona, lo que me conecta con una emoción profunda y definida, es lo que más retengo. Busco a toda costa que lo que lea, más que responder a una moda o tendencia, sea algo que de verdad me llegue al alma, porque la vida es corta como para andar desperdiciándola por ahí con libros que no valen la pena y llenando mi memoria con basura…

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