
Quererte a ti misma es una elección…
Realmente tengo poco para decirte frente a cómo te sientes, porque así te diga mucho, así te llene de explicaciones psicológicas de por qué te rechazas de la forma como lo haces, no serán más que palabras y una verborrea interminable que sumarás al resto de razones y circunstancias que tienes guardadas en tu mesita de noche o puestas todas juntas en el tocador.
Mientras te sigas mirando al espejo y te sigas tratando como lo haces, qué importa lo que te diga o la guía que te dé. Me pides ayuda, orientación ¿y para qué? Te lo repito, quererte, amarte, es una decisión, no una explicación que te das. No eres la única que se siente así, todos de un modo u otro tememos al rechazo, perdemos una cantidad enorme de esfuerzo y energía pensando en qué pensarán los otros, cómo nos juzgarán, qué pasará “si descubren cómo soy en verdad…”.
Eso nos pasa porque aprendemos a interpretar un personaje y acostumbramos a los demás a verlo y a que digan “ese eres tú – no te salgas de ahí – te desconozco cuando veo algo diferente”. Cuidamos esa identidad como un tesoro porque es el traje que utilizamos para encajar, para supuestamente ser queridos y apreciados, para que no nos rechacen, para cumplir bien el papel en esta obra de teatro.
Si te pones a pensar, los que quieren “tu papel” y la máscara que te pones, no te quieren en realidad; simplemente se enamoraron del personaje que interpretas y del que ellos mismos interpretan. Están (estamos todos) en medio de un delirio, de un monólogo sin público porque todos somos actores, no sabemos quién está detrás de la máscara… No sabemos quién escribe ese guion, de dónde viene el mandato y por qué nos lo hacen repetir.
Luego me dices que te miras al espejo y no te gusta eso que ves… ¿Acaso eres el monstruo de “Stranger Things”? (Y creo hasta ese monstruo parece que goza con su apariencia…). Puedo seguir acá diciéndote otro tanto de cosas, dándote explicaciones, “tips” (me saben a mierda los “tips”) pero la realidad es una y muy simple: Elegimos a quién querer, empezando por nosotros mismos… Si tú misma no eliges quererte ¿Cómo esperas que te quieran? Luego me preguntas por qué sientes que te la pasas “mendigando amor” y “entregándolo todo” en cada relación en la que te metes… ¿Ves que sigues un patrón? ¿Ahora entiendes cómo se conecta todo?
Las relaciones no son el problema, la dificultad está más bien es en el lugar desde el que las vives, el vacío que buscas llenar con ellas. Entonces vas a la peluquería y pagas para que te hagan cosas en el cuerpo para que se vea mejor y sentirte bien. Nadie te juzga por cuidarte y verte bien… revisa por qué te “sientes mejor” cuando estás arreglada: porque el personaje se ve bonito a tus ojos y a los ojos del público que crees que te observa. Pero recuerda que la apariencia del personaje cambia: se le enreda el pelo, se le corre el esmalte de las uñas, se va arrugando con el tiempo y a ratos huele mal. Entonces ahí ¿Dejas de ser quien eres? ¿Ya no eres digna de amor?
Ese es el patrón que nos atrapa, de un modo u otro a muchos nos pasa, pero mientras no des pasos para darte cuenta de eso y tomar una decisión, seguirás ahí, con la rueda dando vueltas en el lodo mientras se hunde más y más. Decide quererte, no hay más, es tu decisión, tuya y de nadie más… Es tu casa, es tu cuerpo, es tu templo… solo tú conoces dónde están tus goteras y qué es lo que hay que reparar… Y cuando empieces a hacerlo ya no habrá vuelta atrás.