Sabemos el precio de todo y el valor de nada

Me gusta recodar las discusiones de los mayores de mi familia cuando hablaban con admiración y suficiencia de la inigualable calidad de lo que tenían y usaban. Siempre me llegó al alma la nostalgia con la que se referían a los objetos que se conservaban por años y que se podían heredar entre varios miembros de la familia. Muchos de esos bienes se convertían en alguna clase de objeto de culto, como un sello general que representaba pertenecer al “linaje”. La vajilla de la abuela, las joyas de la bisabuela, la nevera que todavía servía (aunque haga escarcha y consuma el tripe de electricidad), el preciso reloj del tío, la radio que sólo sintonizaba en AM, etcétera.Leer más »