El Regreso

Luego de más de un año sin expresar nada por acá… he regresado. Este ha sido un tiempo complejo, extraño, difícil de explicar y de comprender. Para muchos de nosotros, quizás se trató de un tránsito de reacomodo y resignificación. Cada quién usará el término y la concepción que mejor le sirva.

Hace años había escrito unas entradas relacionadas con el viaje del héroe (Hero journey) o también conocido como el “monomito”, tal y como lo explica el [brillante] Joseph Campbell en su obra maestra “El Héroe de las Mil Caras”. Podría decir en carne propia que este tramo entre 2020 y 2022 me ha mostrado lo que es un regreso de un viaje mítico y la comprensión de por qué el viaje del héroe es una condición permanente de la vida.

1. La negativa al regreso

Cuando completamos nuestro viaje heroico, sea que asumamos algún tipo de personificación (lleguemos siendo distintos…) o que traigamos con nosotros algún tipo de trofeo o elixir (lección o logro), inevitablemente debemos regresar y reintegrarnos a lo cotidiano, conocido o banal.

“La norma del monomito requiere que el héroe empiece ahora la labor de traer los misterios de la sabiduría, del Vellocino de Oro o su princesa dormida al reino de la humanidad, (…). Pero esta responsabilidad ha sido frecuentemente rechazada. Aun el Buda después de su triunfo dudó de si el mensaje de realización podría ser comunicado, (…)”. [El Héroe de las Mil Caras, p. 223]

Es natural experimentar la incomodad de no saber cómo estar de nuevo en este lugar que parecía conocido. Cambió el espacio y nosotros en él: Nos puede quedar pequeño o quedar grande, sentirse más trivial o más complejo. En todo caso, somos nosotros los que dejamos de definirnos en ese contexto de partida; en alguna parte o de alguna manera dejamos atrás un trozo de la narración que nos sostenía y asumimos una nueva. Ahora mismo, mientras escribo estas notas, puedo sentirlo en mí. ¿Quién soy ahora? ¿Para dónde voy? Creo que me sirve mucho tener la mirada puesta en el punto de partida, el propósito de emprender el viaje y lo que al final conocí que enriqueció mi experiencia.

2. La huida mágica

El trofeo puede extraerse con beneplácito o sin él. Cuando nos toca “robarnos el premio” probablemente dejamos en el camino algunos seres inconformes o molestos. Tenemos la opción de seguir combatiéndolos o simplemente huir. Esta huida es necesaria y también nos da un sentido de audacia y valentía, porque comprendemos que enfrascarnos en una batalla innecesaria por ganar lo irrelevante nos quitará energía para retornar al mundo que realmente queremos conquistar.

Podrá decirse que es de valientes encarar y nunca escapar, pero en este caso la huida y la supervivencia exitosa forman parte de la definición de nuestro nivel y talante como héroes. Si somos capaces de salirnos con la nuestra, si vencemos el peligro de quedarnos atrapados en las fases inferiores del viaje, tendremos el favor de los dioses y nuestro triunfo, en principio, parecerá sobrehumano. Nuestro relato y nuestras enseñanzas le darán un nuevo sabor a la vida cotidiana, una nueva fuente de inspiración al humano de a pie que nos mira y nos escucha.

3. El rescate del mundo exterior

En este punto ya nos corresponde regresar y volver a estar en el mundo de la vida diaria, en el plano de lo conocido. Podemos ser rescatados por el mundo exterior (gente que nos conoce y nos quiere, ideas, métodos, máquinas, herramientas, habilidades), podemos ser impulsados por el mundo inferior (intuición, instintos, corazonadas, creencias, impulsos) o por los espíritus guías. Puedo decir que en muchos casos es una afortunada mezcla de todo eso.

Para poder ser rescatados tenemos que “bajarnos” del potro del ego, disolverlo y disolvernos, encontrar nuestra vulnerabilidad fundamental, nuestro ser sin definición ni máscaras. En este punto del viaje, indudablemente nos encontraremos ante las dudas razonables, el cuestionamiento, los duros resentimientos y la incapacidad de los demás para comprendernos. Ahora es un hecho que somos decididamente distintos y de un modo u otro hemos “salido del closet” o nos hemos “alejado del rebaño”.

4. El cruce del umbral del regreso

Cuando decidimos hacer el viaje heroico buscamos recuperar nuestra noción de ese paraíso olvidado, de ese misterio de la vida que parece insondable. Deseamos volver a ese mundo etérico e ilimitado de los dioses del cual [sabemos que] venimos, pero que por el peso de la materia y sus leyes borramos de la memoria.

¿Cómo compartir nuestra hazaña sin parecer pretenciosos? ¿Cómo sacudir la visión limitada de la vida cotidiana? El mundo del héroe que retorna ya no sabe igual y este es un problema mayor: Volver a intentar encajar en un mundo que de muchas maneras está desconectado de lo esencial.

5. La posesión de los dos mundos

Cuando finalizamos nuestro viaje heroico ya no solo somos humanidad en un cuerpo que vive en la Tierra. Nuestro ser divino aflora de alguna manera, la realidad se expande y el mundo adquiere una nueva perspectiva. Es natural que en este punto la realidad se revalorice, que pase de ser algo burdo a convertirse en un acontecimiento que de alguna manera puede mejorarse y acercarse al plano “de los dioses”. Nuestro acervo de ideas, soluciones y explicaciones es inevitable que se amplíe, se nutra y ahora sonemos diferentes.

Esto puede ponernos en crisis y atemorizar al rebaño: “¿Por qué habrá venido pensando así? ¿Qué habrá vivido o visto para que ahora conciba el mundo de esa manera?”. Algo así podrán preguntarnos y entre el temor y la curiosidad habremos de decidir si nos quedamos rezagados en la comodidad del “pasado conocido” o en el desafío creativo del nuevo mundo explorado. El renacimiento requerirá una aniquilación de la máscara con la que hemos vivido y el resurgimiento del ser esencial (el “sí-mismo que somos”) y de la realización de nuestra verdad.

6. Libertad para vivir

El retorno final es un compartir y a la vez una espera. Hemos llegado de nuevo al mundo con nuestro elixir (experiencia, sabiduría) e implícitamente aguardamos por la próxima llamada. Ya ha surtido efecto la reconciliación de la consciencia individual con la voluntad universal; estamos en comunión con la Divinidad y su designio, hemos superado nuestra aparente limitación humana o, lo que es lo mismo, somos capaces de decirnos sin temor: “ahora siento que puedo con todo… pude con esto, podré con más… Aun con el temor que tenga, con la duda que me embargue, que se venga lo que sea…”.

Esta afirmación es propia de una vida libre, es la visión de quien ha comprendido que no controla nada, de quien sabe que no tiene nada qué perder porque no posee nada, es la serenidad de saber que el mito no se detiene, que esa es la rueda [del samsara] que le da sentido al ser y estar aquí en la Tierra.

Referencia:
Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras. Fondo de Cultura Económica, 2014 (p. 223-274)

Para entender el sentido de esta entrada deberías revisar:
El Camino del Héroe
El Camino del Héroe: La separación y el llamado a la aventura (1)
El Camino del Héroe: Negarse al llamado o decidirse a cruzar el umbral (2)
El camino del héroe: La Iniciación (3)
El camino del héroe: la noche oscura del alma (4)

3 comentarios en “El Regreso

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